Los videojuegos son buenos o malos para nuestro cerebro?

El acceso a los videojuegos en la actualidad puede llevarse a cabo a través de ordenadores, consolas, dispositivos móviles o tabletas. Esto posibilita que no haya una restricción ni de tiempo ni de lugar para jugar.

Algunas investigaciones ponen de manifiesto la existencia de una correlación negativa entre la cantidad de horas dedicadas a los videojuegos y el éxito académico en niños y adolescentes.

Generalmente, se cree que jugar a videojuegos de forma continuada puede afectar a la atención. Sin embargo, muchos de los estudios revelan que los jugadores mejoran la atención dividida (ser capaces de estar pendientes de varias cosas a la vez) y la atención sostenida (la concentración en sólo un estímulo). Además, las partes del cerebro que intervienen en estos procesos se hacen más eficientes en los jugadores habituales, debido a que requieren menos activación para estar concentrados en sus actividades.

Diversas investigaciones también han mostrado que los videojuegos activan las mismas regiones cerebrales sobre las que actúan las drogas de abuso, a saber, el denominado sustrato nervioso del refuerzo. Esto tiene una implicación positiva: les confiere la potencialidad de utilizarse como herramientas de rehabilitación cognitiva, en tanto que constituyen una opción óptima para motivar a los pacientes.

Sin embargo, el fenómeno también tiene una cara oculta: hace que jugar pueda convertirse en una adicción. Esto sucede cuando se dejan de hacer cosas importantes de la vida diaria por jugar a los videojuegos. Hoy sabemos que el encéfalo de una persona adicta a videojuegos muestra los mismos cambios neurales (funcionales y de conectividad estructural) que sobrevienen en otras adiciones como, por ejemplo, el consumo de sustancias.